En 2013 Amaia Urra recupera la técnica de nombrar aquello que ve que utilizó en Pantalón Vaquero y Muleta Gris en Una vuelta-ta. En esta performance, el público acompaña a Amaia durante un paseo por la ciudad, durante el cual Amaia improvisa un tarareo suave con el que nombra aquello en lo que posa su atención. La temporalidad de esta pieza es relajada, y el caminar lento acompaña el ritmo de la melodía. La voz de Amaia guía la mirada del público en un tono tranquilo, casi ensimismado, de una intimidad compartida. Para ello, lejos de proyectar la voz, Amaia utiliza un sistema de megafonía portátil que le permite amplificar una voz entre el susurro y el canto con la boca muy próxima al micrófono, una precisa técnica vocal de la que sigue haciendo uso en gran parte de sus trabajos.
La entonación que Amaia utiliza en muchas de sus piezas es neutra «pero no seca», (casi) carente de emoción, lo que genera un efecto de distanciamiento íntimo, que da lugar a un espacio de posibilidad entre dos cualidades en principio opuestas. En For More Than One Voice: Toward a Philosophy of Vocal Expression (2003), Adriana Cavarero propone una ontología de la voz que se basa en la singularidad de cada cuerpo y en las relaciones humanas. Para Adriana esta ontología podría operar como alternativa a la tradicional sumisión de la voz (phoné) al significado abstractivo (logos) en la tradición filosófica occidental. Cavarero teoriza cómo la vocalización íntima (el murmullo, el susurro o el canto entre amantes/madre e hijo) renuncia a la función pública del discurso político o informativo para replegarse en la pura relación entre cuerpos. La voz adquiere así una cualidad táctil, háptica, a la que Amaia también hace referencia en su texto Frondoso Matorral.
Ver: Primeros trabajos, C/Aldamar (2012), Pantalón vaquero (2012), Muleta gris (2012), Berio pasalekua (2014), Pulkiki pulfiki (2023)